​Creatina, desde la seguridad, la biodisponibilidad y la edad de consumo. Un poco del suplemento a los que transitan los extremos de la vida

Autor: Jorge Roig

Está bien establecido que la creatina (CR) es un compuesto nitrogenado presente ampliamente en nuestros músculos, en el orden del 95% del total que se encuentra en el ser humano. A pesar de formarse a partir de aminoácidos (AA) en nuestro organismo, en la realidad la CR no lo es, por lo que no constituye proteínas como tampoco es precursor de ninguna de las diferentes formas de otros AA (Buford T.W., et al. International Society of Sports Nutrition position stand: Creatine supplementation and exercise. J. Int. Soc. Sports Nutr. 2007).

Del 100% de la CR necesaria, el 50% es producida endógenamente, al tiempo que el resto debe ser incorporada con la alimentación, esencialmente de las carnes rojas y pescado, o eventualmente de suplementos dietéticos que contienen una fuente biodisponible de CR (Kerksick C.M., et al. ISSN exercise & sports nutrition review update: Research & recommendations. J. Int. Soc. Sports Nutr. 2018).

Es de considerarse que se ha informado suficientemente que el aumento de los niveles de CR muscular mejora el rendimiento del ejercicio de alta intensidad así como otras adaptaciones al entrenamiento. Pero también en los últimos años se ha aportado evidencia de que ella tiene aplicación en tratamientos clínicos y terapéuticos como un complemento altamente eficaz en diversas intervenciones médicas. Así por ejemplo, se está apreciando el papel potencial de la suplementación con CR en patologías como la diabetes (Pinto C.L., et al. Creatine supplementation and glycemic control: A systematic review. Amino Acids. 2016), la sarcopenia (Dolan E., et al., Muscular Atrophy and Sarcopenia in the Elderly: Is There a Role for Creatine Supplementation? Biomolecules. 2019), la salud cardiovascular (Zervou S., et al., Augmentation of Creatine in the Heart. Mini Rev. Med. Chem. 2016), la rehabilitación en niños (Dover S., et al. The effect of creatine supplementation on muscle function in childhood myositis: A randomized, double-blind, placebo-controlled feasibility study. J. Rheumatol. 2020), en trastornos cognitivos (Avgerinos K.I., et al. Effects of creatine supplementation on cognitive function of healthy individuals: A systematic review of randomized controlled trials. Exp. Gerontol. 2018) y en el cáncer (Fairman C.M., et al. The potential therapeutic effects of creatine supplementation on body composition and muscle function in cancer. Crit. Rev. Oncol Hematol. 2019), entre otras enfermedades.

En lo que refiere a las formas actualmente encontradas en el mercado, el monohidrato de creatina (MCR) ha mostrado ser no solo el más estudiado sino también el clínicamente más efectivo para su uso como suplemento nutricional. Así, esta forma se expresa con mayor efectividad al comparársela con otras, con una aumentada capacidad de absorción muscular como también para dar un rendimiento incrementado en ejercicios de alta intensidad (Brosnan M.E., et al., The role of dietary creatine. Amino Acids. 2016). En este último aspecto, su vínculo estrecho es con los sistemas metabólico-energéticos, reconociéndosele su rol central aumentando los niveles de fosfágeno muscular, apreciándose la mejora del rendimiento en ejercicios de muy alta intensidad así como promoviendo mayores adaptaciones al entrenamiento (Kreider R.B., ET AL. International Society of Sports Nutrition position stand: Safety and efficacy of creatine supplementation in exercise, sport, and medicine. J. Int. Soc. Sports Nutr. 2017). Por otro lado, es importante señalar que no se han informado efectos secundarios significativos con su ingestión, salvo el aumento de peso bajo cierto formato al dosificarse.

Un número importante de estudios evaluaron a la suplementación con CR en los adultos mayores intentando controlar y hasta prevenir la sarcopenia, pero también para mantener o aumentar la fuerza e incluso reducir el riesgo de enfermedades crónicas. En este contexto, se han propuesto la suplementación con CR en estas poblaciones, y ello asociado a una intervención que alcance al ejercicio de fuerza y la alimentación con la carga proteica suficiente (Candow D.G., et al. Variables Influencing the Effectiveness of Creatine Supplementation as a Therapeutic Intervention for Sarcopenia. Front. Nutr. 2019). De estos aportes hay un elevado número publicados, pero además de ese enfoque muscular también los hay desde el óseo. Aquí, trabajos como el de Chilibeck y colegas encontraron que la suplementación con CR (0,1g/kg/día) durante 12 meses junto a un entrenamiento de fuerza no solo incrementó esta capacidad sino también aumentó la densidad ósea en mujeres posmenopáusicas ( Chilibeck P.D., et al. Effects of Creatine and Resistance Training on Bone Health in Postmenopausal Women. Med. Sci. Sports Exerc. 2015). Y en cuanto a la dosis, de destacarse es que normalmente se indican 0,1g/kg PC/día o 5g/día y en tiempos que fluctúan desde alrededor de un mes hasta 6 meses, 1 año o más, sin documentarse ningún tipo de complicaciones.

En el extremo etario opuesto, hay varios estudios disponibles que muestran el aporte de CR en niños como una forma de terapia. Y en este punto, los hay en aquellas poblaciones pediátricas que presentan un sindrome de deficiencia de CR. En estas se presenta una incapacidad para sintetizar CR de forma endógena, lo que lleva a niveles reducidos de la misma tanto en músculo como en cerebro. La manifestación común de la presentación de esta limitación se la observa como miopatías musculares, trastornos del movimiento, retraso del habla, autismo, limitaciones en el desarrollo mental y epilepsia, entre otras patologías. De resaltar es que si bien las dosis descritas son muy variables porque están vinculadas al tenor de la enfermedad, las cantidades se observan con variaciones de entre 0,1/kg/día hasta incluso valores de 62g por día (Stockler-Ipsiroglu S, et al.. Guanidinoacetate methyltransferase (GAMT) deficiency: outcomes in 48 individuals and recommendations for diagnosis, treatment and monitoring. Mol Genet Metab. 2014). Respecto de esto último, y aun leyéndose no pocas veces la contraindicación de la CR en las edades pediátricas, resulta interesante lo que literalmente expresan Jagim y colegas (Jagim et al., Safety of Creatine Supplementation in Active Adolescents and Youth: A Brief Review, Front Nutr. 2018) cuando sostienen que “se extrapola de manera inapropiada que la suplementación con CR no es segura en las poblaciones más jóvenes. Sería más prudente reconocer que no hay datos suficientes para confirmar la necesidad de tales advertencias”. Y agregan que “las mismas advertencias no tienen una base científica y se proporcionan como una precaución legal.” No hay estudios publicados disponibles que puedan confirmar dichas aseveraciones.

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